Las elecciones de 2027 todavía parecen lejanas, pero la realidad política demuestra que los procesos electorales comienzan mucho antes de que se instale una casilla. Mientras las instituciones preparan calendarios, reglas, procedimientos y mecanismos de organización, los partidos políticos empiezan a definir estrategias, construir alianzas y buscar los perfiles que habrán de competir.

El Proceso Electoral Concurrente 2026-27 será, por ello, mucho más que una jornada electoral. Será una nueva prueba para las instituciones democráticas y, particularmente en Veracruz, un ejercicio para medir la capacidad de las fuerzas políticas de interpretar una sociedad compleja, desigual y políticamente diversa.

El Instituto Nacional Electoral ya ha establecido una ruta para el proceso federal 2026-2027. La jornada electoral está prevista para el 6 de junio de 2027, y el modelo de casilla única permitirá que la ciudadanía emita en un mismo espacio sus votos correspondientes a las elecciones federales y locales.

Nacional 500 diputaciones federales
Nacional 17 gubernaturas
Nacional 31 congresos locales
Nacional 18,057 cargos municipales
Nacional 102 millones electores en la lista nominal
Nacional 176 mil casillas por instalar
Veracruz 6 millones electores en la lista nominal
Veracruz 11,500 casillas proyectadas

Y, por primera vez, competirán también los dos partidos nacionales de reciente creación: PAZ y Somos México. En el caso de Veracruz, se sumarían dos partidos políticos locales: Partido Cardenista y Partido Veracruzano Antipopulista. La distribución de los votos entre las fuerzas políticas nacionales y locales podría volver a colocar en el centro de la discusión la regla sobre coaliciones, afiliación partidista y sobrerrepresentación.

Esto parece una cuestión estrictamente administrativa, pero tiene una enorme importancia política: el ciudadano no distingue necesariamente entre las instituciones que organizan una elección. Lo que percibe es un solo proceso, una sola jornada y una sola responsabilidad pública.

En Veracruz, el papel del OPLE será importante. El organismo tiene constitucional y legalmente la responsabilidad de organizar las elecciones locales, en coordinación con las autoridades nacionales en aquellos aspectos que corresponda.

La coordinación entre INE y OPLE será, por tanto, una de las piezas centrales del proceso. Pero existe algo todavía más importante: que ambas instituciones mantengan la confianza de la ciudadanía.

Una elección no se gana solamente en las urnas

Durante mucho tiempo, los análisis electorales se concentraron casi exclusivamente en los resultados: quién ganó, quién perdió y cuántos votos obtuvo cada partido.

Hoy esa visión resulta insuficiente.

Para comprender Veracruz es necesario observar el territorio, las condiciones sociales, la economía, la migración, la pobreza, la infraestructura, la seguridad, la presencia gubernamental y, desde luego, la percepción que los ciudadanos tienen de los partidos y de sus gobiernos.

Veracruz no es políticamente homogéneo. Sus 212 municipios representan realidades muy diferentes. No vota de la misma manera una zona metropolitana que una comunidad rural; tampoco tienen las mismas preocupaciones los ciudadanos del norte que los del centro o del sur del estado.

Por eso, el mapa electoral de 2027 tendrá que leerse más allá de los colores partidistas.

El propio INE dispone de información electoral histórica a nivel de casilla, sección, distrito, municipio y entidad, lo que permite construir análisis mucho más precisos sobre el comportamiento del electorado.

La pregunta importante no será únicamente dónde ganó determinado partido, sino por qué ganó, dónde perdió, dónde aumentó o disminuyó su votación y qué factores sociales explican esos cambios.

Pobreza y desigualdad: el voto tiene memoria

No puede hablarse de democracia sin hablar de las condiciones sociales en las que viven los ciudadanos.

Veracruz continúa enfrentando importantes desafíos en materia de pobreza y desigualdad. El CONEVAL mantiene información específica sobre la situación de pobreza estatal y municipal y sobre el acceso de la población a distintos derechos sociales.

Esto tiene una consecuencia política evidente: las condiciones económicas y sociales influyen en la manera en que los ciudadanos perciben al gobierno y valoran las propuestas de los candidatos.

Cuando una familia enfrenta dificultades para obtener ingresos suficientes, cuando existen problemas para acceder a servicios públicos o cuando una comunidad observa rezagos históricos, la elección deja de ser una discusión abstracta sobre ideologías.

El voto adquiere una dimensión concreta.

Recuerda lo que prometieron los candidatos, pero también recuerda lo que hicieron los gobiernos.

El voto rural y el voto urbano

Uno de los errores más frecuentes en el análisis electoral consiste en tratar a Veracruz como si fuera una sola realidad.

No lo es.

Existe un Veracruz urbano, con grandes concentraciones poblacionales y problemas asociados al crecimiento de las ciudades; pero también existe un Veracruz rural, indígena y campesino, donde las prioridades son diferentes.

Las zonas metropolitanas pueden concentrar preocupaciones relacionadas con movilidad, seguridad, empleo, servicios y vivienda. En las comunidades rurales pueden adquirir mayor relevancia el campo, los caminos, el acceso al agua, los servicios médicos, la conectividad y las oportunidades económicas.

Esto significa que los partidos que pretendan competir con posibilidades reales tendrán que desarrollar estrategias territoriales diferenciadas.

No bastará con una campaña estatal.

Será necesario comprender distrito por distrito, municipio por municipio e incluso sección por sección cuáles son las preocupaciones de la población.

La política del futuro será cada vez más territorial y, al mismo tiempo, más digital.

La participación ciudadana será decisiva

Los resultados de 2024 ofrecen un dato que merece atención. En Veracruz, la participación ciudadana en las elecciones federales se ubicó alrededor de 60%; el INE reportó 60.95% en la elección de senadurías y 60.54% en diputaciones federales.

Es una participación importante, pero también revela que existe un sector considerable de ciudadanos que no acude a las urnas.

Aquí aparece uno de los grandes desafíos de 2027: convencer al ciudadano de que participar vale la pena.

La abstención no debe interpretarse simplemente como apatía. En algunos casos puede expresar desconfianza, desencanto o la percepción de que las elecciones no modifican sustancialmente las condiciones de vida.

Por ello, recuperar la participación exige algo más que campañas institucionales.

Exige recuperar la credibilidad de la política.

Morena y la oposición: una competencia que todavía está abierta

Cualquier análisis del escenario veracruzano debe reconocer el peso que actualmente tiene Morena y las fuerzas políticas que lo acompañan. Sin embargo, sería un error asumir que los resultados futuros están predeterminados.

Las elecciones no son fotografías; son películas.

Las preferencias pueden modificarse como consecuencia del desempeño gubernamental, las condiciones económicas, la selección de candidatos, las alianzas y el nivel de participación.

La oposición enfrenta, en este sentido, un desafío doble.

Por un lado, necesita construir una alternativa electoral competitiva. Por otro, debe explicar con claridad qué propone y por qué los ciudadanos deberían confiar nuevamente en ella.

No parece suficiente limitarse a cuestionar al gobierno.

Una oposición electoralmente competitiva necesita ofrecer una narrativa propia.

El ciudadano debe encontrar una razón para votar por una opción distinta, no solamente una razón para votar en contra de otra.

Los nuevos partidos y las candidaturas independientes

Otro elemento que puede modificar el escenario será la presencia de nuevos actores políticos.

Los nuevos partidos tienen una ventaja inicial: pueden presentarse ante una parte del electorado como una alternativa diferente. Pero también enfrentan un problema importante: construir estructura territorial, identidad y confianza en un periodo relativamente corto.

Las candidaturas independientes, por su parte, representan otra posibilidad de participación. El propio OPLE Veracruz mantiene mecanismos para quienes pretendan participar bajo esta modalidad.

Sin embargo, una candidatura independiente no se construye únicamente con una persona conocida.

Necesita organización, presencia territorial, representantes, capacidad de comunicación y, sobre todo, una causa capaz de movilizar ciudadanos.

El verdadero desafío: evitar la política de la descalificación

Si algo debería cambiar rumbo a 2027 es la forma de hacer política.

Las redes sociales han democratizado la comunicación, pero también han convertido la confrontación en un recurso permanente.

Una acusación puede volverse viral en minutos. Una noticia falsa puede alcanzar a miles de personas antes de que exista una respuesta institucional.

El problema no es solamente tecnológico.

Es democrático.

Una sociedad que vota a partir de información falsa puede tomar decisiones legítimas desde el punto de vista formal, pero profundamente condicionadas desde el punto de vista informativo.

Por ello, la educación cívica deberá adquirir una nueva dimensión.

No solamente hay que enseñar a votar.

Hay que enseñar a informarse.

Tres escenarios para Veracruz

Desde una perspectiva prospectiva, pueden plantearse tres escenarios generales.

El primero sería el escenario de continuidad, en el que la fuerza política predominante logra mantener una ventaja electoral gracias a la evaluación favorable de sus gobiernos, una estructura territorial consolidada y una oposición fragmentada.

El segundo sería un escenario de competencia, caracterizado por una mayor polarización electoral, alianzas opositoras y una reducción de las diferencias entre las principales fuerzas políticas.

El tercero sería un escenario de fragmentación, en el que nuevos partidos, candidaturas independientes y fuerzas políticas emergentes obtengan una participación suficiente para modificar la distribución del voto y dificultar la construcción de mayorías.

Ninguno de estos escenarios puede considerarse inevitable.

La variable decisiva será el comportamiento ciudadano.

La elección se decidirá también fuera de las campañas

Hay una idea que considero fundamental: la elección de 2027 no se decidirá exclusivamente durante los meses de campaña.

Se decidirá también en los años previos.

Se decidirá con la evaluación que los ciudadanos hagan de sus gobiernos.

Se decidirá en las comunidades donde existen problemas de servicios públicos.

Se decidirá en las familias que enfrentan dificultades económicas.

Se decidirá entre los jóvenes que buscan empleo y oportunidades.

Se decidirá entre quienes han dejado de creer en los partidos.

Y se decidirá, finalmente, entre quienes todavía consideran que votar puede cambiar las cosas.

Por eso, las fuerzas políticas que esperen hasta el inicio formal de las campañas para comenzar a escuchar a la sociedad probablemente llegarán tarde.

La política electoral moderna exige construir confianza antes de pedir el voto.

Una oportunidad para la democracia

El proceso electoral concurrente 2026-27 debe ser visto como una oportunidad para fortalecer nuestra democracia.

El INE tendrá el reto de garantizar la organización de la elección federal. El OPLE Veracruz deberá hacer lo propio en el ámbito local. Los partidos tendrán que competir con responsabilidad. Los medios de comunicación deberán contribuir al debate informado. Y los ciudadanos tendrán la responsabilidad de participar y exigir cuentas.

Pero existe una responsabilidad adicional: recuperar el sentido de la política.

La política no debería ser solamente una lucha por ocupar cargos públicos.

Debe ser una herramienta para resolver problemas colectivos.

Si 2027 vuelve a convertirse únicamente en una batalla de propaganda, acusaciones y descalificaciones, habremos perdido una oportunidad.

Si, en cambio, logramos que la elección sea una discusión sobre pobreza, desigualdad, seguridad, empleo, educación, salud, desarrollo regional y calidad de los gobiernos, entonces la democracia habrá dado un paso adelante.

Veracruz tiene una sociedad plural y políticamente experimentada. Su electorado ha demostrado que puede cambiar sus preferencias y modificar equilibrios de poder.

Por eso nadie debería considerar los resultados futuros como inevitables.

La elección de 2027 todavía está por escribirse.